LIMOSNEROS S.A.


¿Qué compramos cuando le damos unas monedas a un limosnero?… Piénsalo un poco. Si el limosneo vende lástima ¿Eso compramos? ¿Pagamos por deshacernos de la culpa? ¿El limosnera soluciona su pobreza? El sujeto se lleva nuestro dinero y nosotros compramos… Nada.

Dinero a cambio de nada. Qué buen negocio ¿no?

Observa a los que piden… ¿Cuánto invirtieron en su “vestuario”?…. Nada. Esa es toda su inversión, bueno, y el trabajo de estirar la mano repetir sus líneas “Señor, deme para un taco”.

¿Y qué obtiene un limosnero a cambio de su trabajo y su inversión? Aunque no lo creas, lo mismo que un buen profesionista. Un limosnero puede ganar 30,000 pesos al mes a cambio de NADA. El negocio perfecto.

¿Y qué tal si en vez de ser un solo pordiosero fuera una compañía de 100 que se han agandallado todas las esquinas de esta avenida? Tendrían más ganancias que un Sanborns. Y a cambio de vender NADA.

Oh, sí, porque vender lástima es tan buen negocio que genera mafias y corrupción. Les cuento. Una vez iba llegando en bicicleta a la plaza de Coyoacán por una calle poco transitada, eran como a las ocho de la mañana, cuando de pronto se estacionó una camioneta Suburban negra. Nuevecita. Y de su interior comenzaron a descender las “Marías” que se pasan el día pidiendo limosna en una de las plazas más hermosas de nuestra ciudad. Salían y salían. Fueron como 10. Algunas hasta llevaban un bebé amarrado a su espalda. Aquí hay dos posibles explicaciones a este extraño suceso:

  • Casualmente 10 limosneras iban caminando juntas por la calle cuando ­-sin ninguna explicación- una noble y caritativa señora millonaria las vio y decidió darles un aventón en su lujosa Suburban del año, o…
  • Las 10 limosneras trabajan para alguien que gana tanto dinero que puede darse el lujo de usar una camioneta del año para llevar a sus empleadas al trabajo.

Nosotros somos “los clientes” de esta mafia. Cuando una madre adolescente, indígena, que lleva a cuestas un pobre bebé dormido (drogado) se nos para frente a nuestro coche opera en nosotros un sentimiento bastante desagradable: la culpa. Nos sentimos culpables por que nosotros no somos pobres, ni pasamos hambre, ni tenemos que caminar descalzos. Es casi como si tener lo que tenemos fuera malo, como si nos lo hubiéramos robado. O como si fuera nuestra culpa que esa mujer hambrienta no tenga una buena vida. La culpa es poderosa, y en apenas unos segundos nos doblega. Entregamos nuestro dinero y la mujer nos da las gracias. Listo, podemos continuar con nuestra vida feliz, hasta que, claro, en la siguiente  esquina otro limosnero, esta vez un pobre hombre enfermo, que después de 20 años de pedir dinero no ha logrado reunir lo suficiente como mandarse operar esa bola que le ha crecido en la cabeza.

Pero… ¿Qué sucede si no les damos dinero? Yo fui testigo de lo que pasa. Un día apareció, en una de las esquinas de la ruta que tomo para ir a mi trabajo, una limosnera. A mí me molestó, porque así empiezan a apoderarse de las calles, y luego son dos limosneras, y los fulanos que limpian vidrios, y los que nos hacen el favor de tocar el cilindro, y los malabaristas que podrían tener un trabajo útil porque ni están enfermos, ni son pobres, ni están viejos… Pensé toso esto mientras la nueva limosnera se me acercaba con la mano extendida ¿Y sabes qué hice? No le di NADA. Y me percaté de que yo no fui el único. Nadie le dio nada. ¿Y saben qué pasó? La mujer se fue. Un día ya no volvió. Nos libramos de ella.

Obviamente, si la gente paga, el negocio de la lástima mejora. Los limosneros llaman al resto de su familia, prosperan, se alimentan y se multiplican. La mafia crece y se fortalece. Se adueña de nuestras calles, de nuestros espacios, de nosotros.

Tenemos una ciudad llena de limosneros porque los alimentamos, lo que equivale a decirles “Sigan sin trabajar, tranquilos, nosotros les regalaremos nuestro dinero para que ustedes vivan sin hacer nada”.

¿Y cuánto nos cuesta deshacernos de ellos? Esto es lo maravilloso: NADA. No regalemos el dinero. No los alimentemos. Cuando los limosneros detectan que la gente ya no da, simplemente se van, se llevan su empresa a otro lado.

 

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