“DESAYUNAR CERVEZA”


Los bebedores y bebedoras saben que si quieres iniciar el día ebrio no hay nada mejor que desayunar alcohol, el desayuno de los campeones… De los campeones alcohólicos. Con el estómago vacío se aprovecha mejor el alcohol y así rinde más lo que pagamos por él, porque el efecto comienza desde el primer trago.

Pero no se imaginen que los que iniciamos el día alcoholizándonos simplemente queremos embriagarnos. Bueno, sí, pero hay niveles, hay niveles. Si lo que quieres es regresar a la cama para segur durmiendo, sírvete dos tequilas derechos. En ayunas, con dos (o tres) caballitos tendrás para irte a “dormir la mona” tranquilamente. Desayunar tequila me parece una forma masculina de comenzar el día, muy a lo Pedro Infante. Me imagino que es para solteros millonarios (o pre-teporochos) que no tienen que rendirle cuentas a una esposa regañona o un jefe que espera puntualidad de sus subalternos.

A veces lo que se antoja es más bien un desayuno sano, nutritivo, con vegetales, mariscos y esas cosas. Entonces, un clamato es lo recomendable. Mi receta es la clásica: limón, jugo de tomate, etc., pero donde dice “una onza” de vodka yo le pongo tres, y con mezcal nada sabe nada mal. Para que amarre, digo. A ver… ¿Se trata de alcanzar lo más pronto posible la ebriedad o de parecer señora fresa preparándose “un traguito” antes de salir a dejar a sus niños a la escuela?

Estoy divagando. Perdón (digo ¡Salud!). Pero estábamos tratando de hablar de lo que significa desayunarse UNA cerveza. Significa que quieres alcohol pero que no eres un soltero millonario, ni estás interesado en iniciar tu carrera como teporocho (todavía). O sea que sí quieres, pero no puedes simplemente ponerte ebrio y salir a atropellar ciclistas o dejar botado a tu jefe, que por más estúpido, inepto, atenido, huevón, improvisado, y mamón que sea, pues firma tus cheques y ya sabemos lo que pasa cuando nadie te firma ningún cheque para ti ¿¿verdad?? No tienes dinero para comprar más alcohol y es feo aparecerte en casa de tu hermana a mitad de la noche con la excusa de festejar su “no cumpleaños”… ¿Sí te acuerdas cómo terminó todo la última vez, verdad?

Así que desayunar cerveza es como… aplazar la tormenta. Darle por su lado a la bestia que te habita para que te de chance de ser un buen Godínez y que la maquinaria social siga funcionando.

Abres el refri, sacas la lata fría, la abres, el suave “¡Psssss…!”  te promete la resignación que necesitas para enfrentar tu vida mediocre, bebes el líquido que tanta falta te hacía, el efecto comienza de inmediato, y cuando tu cerebro recibe su recompensa inicias tu rutina como si nada: levantas a los niños, les preparas cereal con leche, te metes a bañar… Todo normal, como si no fueras una de esas personas deprimidas y frustradas que necesita desayunar una cerveza para funcionar.

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