LAS VERDADERAS BRUJAS – Parte I


La idea que los católicos (y posteriormente los protestantes) nos impusieron sobre las brujas se desmorona conforme el machismo pierde fuerza, las religiones occidentales se quedan sin seguidores y el feminismo retoma su antiguo curso.

Revisemos el estereotipo que tenemos de las brujas: Mujeres (siempre eran mujeres, ojo con esto), y más específicamente, ancianas malévolas que se alimentaban de niños pequeños, capaces de crear desgracias a sus vecinos, por naturaleza al servicio de Satanás y que estaban en la Tierra para oponerse a la Iglesia y sobre todo a Dios. O sea, encarnaban al mal.

El aspecto de una bruja debía ser desagradable; estar mugrosa, harapienta, además de maloliente; sus manos poseían la característica de estar retorcidas y cada dedo debía poseer una poderosa y afilada uña. Los cabellos se encontraban liados en una canosa maraña; su nariz debía ser larga y ganchuda, como el arpón que usa el diablo para atrapar a las almas que se salieron del buen camino; tampoco debía faltar una buena verruga peluda, escasos dientes torcidos, y sobre todo, de entre sus profundas e intrincadas arrugas debía emerger una mirada perversa.

Si acaso una bruja no era anciana y por el contrario era joven y hermosa, entonces se trataba de una ninfómana, esclava de sus apetitos sexuales, capaz de destruir un hogar feliz con tal de darse gusto con el hombre de esa casa, pues contaba con los favores del demonios para lograr sus inconfesables bajezas.

Así mismo, según el mito católico, durante ciertas noches sagradas, las brujas se reunían lejos de los poblados para participar en oscuros y prolongados aquelarres. Se decía que para atraer al demonio, las brujas organizaban una misa satánica donde se sacrificaban animales (o incluso algunos bebés), y entonces “Él” se hacía presente para ser adorado, dar instrucciones, consagrar a las nuevas hermanas hechiceras y posteriormente participar en una frenética orgía… Oh, sí, porque para la mentalidad machista de hace varios siglos, si una mujer tenía deseos sexuales era por fuerza sirvienta del demonio, entonces, obviamente, las brujas debían ser no sólo promiscuas, sino depravadas al grado de tener intimidad carnal con otras de su mismo sexo, niños y hasta animales.

Las verdaderas brujas jamás se paraban por la iglesia y menos aún comulgaban o sometían sus pecados y pensamientos secretos al escrutinio de los curas (hombres).

La bruja debía vivir en una casa desvencijada (o una cueva), lejos de cualquier poblado; si era en mitad de un bosque oscuro, mejor que mejor. En este imaginario no debía faltar, claro, un enorme y renegrido cazo ubicado bajo la chimenea, una desvencijada estantería llena de sustancias pestíferas, una calavera (preferentemente de un ex marido, al que asesinaron con un delicioso platillo envenenado), un cuervo que supervisaba todo y un gato (negro, obviamente) que servía como mensajero entre ella y su amo.

Según la Iglesia, las brujas eran capaces de desafiar la ley de gravedad y volar montadas en escobas o cerdos embrujados. Nunca nadie jamás ha visto a una mujer volando sobre un cerdo, pero los representantes de Dios en la Tierra así lo afirmaban de cualquier forma.

En su alejado cuchitril, la bruja ganaba dinero haciendo uso de sus malas artes (otorgadas por el Maligno, claro); cosas como hechizos para que una mujer fea obtuviera al hombre deseado, sin importar que éste ya estuviera comprometido con otra más bella y de mejor familia; o podía hacer cosas más serias, como quitarle su fuerza viril a un esposo para que aprendiera el valor de la fidelidad, o secar los cultivos de un vecino chismoso; aunque también podía hacer cosas peores para sus clientes y clientas, como abortos, quitar de en medio a un competidor en los negocios o atraerle abundantes monedas de oro sirviendo como humilde y desinteresada intermediaria entre el aspirante a millonario… y el demonio.

Así son las brujas… O al menos nos dijeron que así eran, y así hemos asumido que debían ser ¿Cómo dudarlo, si lo dice la Santa Madre Iglesia?

Bueno, en realidad las cosas no son como nos lo hicieron creer. Vamos a derrumbar algunos mitos y sacudir un poco tu mente recién nacida. Ni la Iglesia es tan buena, ni el demonio tan malvado ni las brujas tan perversas.

Para poder ver más allá de la mentira que nos impusieron los poderosos, hay que correr el velo del mito inventado por ellos y observar sin miedo lo que hay detrás.

Pero NO será en esta entrega. Oh, no. Tendrás que esperar porque Innuendo tiene severas reglas en cuanto a la extensión de las colaboraciones que admite, y  no seré yo quien las rompa, porque seguir las reglas es importante en mi negocio.

En mi siguiente entrega continuaré hablándote sobre las brujas, si al Universo así le place.

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