LAS VERDADERAS BRUJAS – Parte V:Las brujas en México


Cuando los españoles llegaron a los territorios inexplorados del “Nuevo Mundo” se toparon con que la brujería que dejaban atrás en Europa existía también en “Las Indias”, aunque en una versión muy diferente.

En Europa quedaron las curanderas satanizadas para poderlas despojar de sus propiedades, y eventualmente mandarlas a la hoguera para dejar claro que la misoginia católica era bien vista por Dios.

Pero en América se toparon con que había brujas (mujeres sabias con profundos conocimientos de magia y herbolaria) tan bien acopladas a la sociedad que no sería fácil desterrarlas de los nuevos dominios, así que lenta, pero sistemáticamente repitieron la fórmula: satanizarlas para crear miedo alrededor de ellas e irlas dejando solas, para luego poderlas destruir.

nopal_prehispc3a1nico-imagen-tomada-del-libro-de-aguilera-c-1985-flora-y-fauna-mexicana-ed-everestSin embargo, esto nunca ocurrió del todo, porque en el México prehispánico todas las mujeres tenían un poco de brujas, de curanderas, de comadronas, ya que el conocimiento de la herbolaria y la medicina mezclada con la magia se transmitía de generación en generación, pues en cada familia las abuelas enseñaban sus saberes a sus hijas y nietas para que pudieran sanar a sus hijos, y eso incluía protegerlos de la magia lanzada por los enemigos o gente envidiosa, hacerles limpias y colgarles amuletos contra el mal de ojo… Así que la Iglesia no podía acusar a todas las mujeres de hacer pactos con el diablo sin echarse encima a la población, por lo que optaron por hacerse de la vista gorda, es decir, disfrazar la brujería popular de sincretismo y sólo actuar en casos donde pudieran sacar provecho político, es decir, sólo si el pueblo lo pedía.

Hay que reconocer que en el Nuevo Mundo la Santa Inquisición fue bastante más suave que en Europa, quizá porque sabían que el nuevo imperio estaba edificado sobre un polvorín y que si los indios se sublevaban no hubieran tenido forma de vencerlos, vaya, ni siquiera de salvar su blanco pellejo, así que en América el Santo Oficio optó por dejar las cosas como estaban. Basta revisar los archivos históricos de la Inquisición. En TODO el Nuevo Mundo –desde Nuevo México hasta la Patagonia–, durante 300 años, no hubo más de 15 ejecuciones practicadas por el brazo punitivo de la Iglesia, lo que es muy poco, si lo comparamos con las ejecuciones que realizaron en Europa, que fueron casi cien mil.

Actualmente, en México, y muy especialmente en los poblados pequeños, es bastante común que las abuelas curen a sus familiares con remedios poco ortodoxos, pues sus orígenes son prehispánicos. Por ejemplo, ponen remedio a los problemas digestivos curando a los niños de empacho (enfermedad mítica que lo mismo significa infección bacteriana que indigestión) por medio de enérgicos tirones de la piel que recubre la espina dorsal (o sea, lo que las abuelitas llamaban “tronarles el cuero”), añadiendo a esta dolorosa práctica un ungüento misterioso con olor a sebo, elaborado con una hierba conocida como “pan puerco”, que se unta sobre la panza del niño mientras se reza.

Sí, las abuelas de antes tenían todas algo de brujas, y conocían lo mismo remedios para curar la calentura que para retener al novio. Además, compartían sus saberes con la gente del lugar; a estas se les conoce como “brujas solidarias”, que normalmente –dicen– obtienen su poder de Dios y de las tradiciones médicas de sus antepasados. Hay que añadir que en nuestro país, las señoras con sabiduría y poder gustan de ayudar a otros sin pedir dinero a cambio, y esto ocurre porque es una forma de reforzar el vínculo con las deidades que otorgan el don de la magia, que obviamente tampoco cobran monetariamente este privilegio.

Ahora hablemos de las brujas satánicas radicadas en nuestro territorio, las que se dedican a sembrar desgracias y obtienen su poder de Maligno, es decir, que practican la temida “magia negra”. Se supone que estas brujas oscuras han obtenido “el poder” luego de haberle ofrecido su alma al Señor de los Abismos a cambio de la juventud eterna, el poder de la transformación, y claro, la capacidad de realizar sus deseos a través de la magia negra. El problema es que la juventud eterna NO es eterna, sino que hay que estarla renovando a través de de la ingesta de sangre de bebé, y de hecho de bebés que no hayan sido bautizados porque la poderosa luz de Dios aún no está impregnada en ese cuerpecito.

EEE

Para bien, o para mal, los habitantes de las grandes urbes (como la Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara) se han desvinculado casi por completo del resto de la nación, por lo que se han olvidado de temer a las brujas, pero esto no quiere decir que no existan –¿verdad?– lo que sucede es que a estas malignas NO les gustan las ciudades, pues el exceso de humanos dificulta mucho sus actividades satánicas. ¿Dónde iban estas mujeres malditas a realizar sus aquelarres satánicos de media noche? ¿En la Macroplaza de Monterrey? ¿En Chapultepec? Imposible. Se necesita un lugar amplio, tranquilo, oculto de las miradas curiosas. En cambio, el campo, el cerro, la cueva, o el bosque son perfectos. Por eso, todo ocurre lejos de las ciudades.

Se cree que las brujas negras pueden transformarse en animales; normalmente lo hacen en zopilotes, guajolotes, gatos negros, perros de gran tamaño, lechuzas, monos y otros seres que podrían pasar desapercibidos para los ignorantes de las artes oscuras, pero justamente este es el objetivo, pues así pueden vigilar tranquilamente las casas donde hay bebés recién nacidos.

Es muy fácil saber cuando las brujas han succionado la sangre de un neonato porque el cuerpecito muestra marcas imposibles de ignorar: extraños moretones que se extienden por toda la piel. Inclusive la planta de los pies. Otra forma de robarles la vida es perforar la delicada piel que cubre la mollera, es decir, la parte alta de la cabeza donde aún no se ha cerrado el cráneo, llegando así directamente al cerebro, donde insertan su pico para beberse el preciado líquido rojo… Se asegura que de esta forma las brujas pueden perpetuar su juventud, o por lo menos prolongar su vida mucho más allá de lo normal, ya que la sangre de los bebés presenta una alta concentración de hormonas del  crecimiento y nutrimentos diversos que les devuelven su aspecto juvenil. Sí, justamente es una especie de vampirismo, aunque hay diferencias notables: Las brujas suelen ser exclusivamente mujeres, y en cambios entre los vampiros hay machos y hembras; otra diferencia es que las brujas necesitan beber sangre de bebés no bautizados, y los vampiros la beben de quien sea. Aunque ambas especies son hijos de Satanás y comparten el aberrante don de la transformación, los vampiros no poseen magia y muchos de los atributos que se les conceden son en realidad un invento de Hollywood.

Entre las muchas historias de brujas en México que encontré mientras investigaba para escribir este artículo, quisiera compartirles la declaración judicial de una mujer radicada en San Martín Texmelucan que –sin querer– ofrendó a su querida bebé para que sirviera como alimento a las brujas de la zona, lo que les dará a ustedes, queridos lectores, una idea muy precisa de qué tan peligrosas pueden llegar a ser estas endemoniadas mujeres…

“Mi nombre es María Elena Huerta Zaria, soy maestra de secundaria de las materias de matemáticas y física, actualmente tengo 36 años y lo que voy a declarar ocurrió en el pueblo de San Martín Texmelucan, Puebla, hace más de diez años, cuando me encontraba aún de licencia médica pues acababa yo de dar a luz a mi primera hija…

“Varias noches antes de que las brujas entraran a mi casa para alimentarse de mi bebita recién nacida, mis vecinas me alertaron de que habían visto en la azotea de mi casa a un par de enormes zopilotes que no hacía nada más que estar parados sobre el tinaco escuchando y observando todo lo que hacíamos. Entonces era yo atea, es decir, no creía en Dios ni en demonios, y por supuesto me parecía ridículo darle oídos a lo que me decían mis vecinas, que para mí eran sólo mujeres ignorantes. Sin embargo, yo misma llegué a ver algo que debió alertarme de que cosas sobrenaturales estaban ocurriendo, pero entonces era yo muy ingenua, por lo que no pude prever la desgracia que caería sobre mi familia.

“Una noche de lluvia, mientras mi niñita dormía, salí rápidamente a la tienda para comprar leche, pan y jamón, pues yo tenía mucha hambre y mi esposo iba a regresar tarde de su trabajo, así que no me importó mojarme un poco. Venía ya de regreso, y al llegar a la esquina noté que mi calle estaba muy oscura y completamente sola, a pesar de que no era tan noche. De pronto todo el alumbrado público se había apagado. De inmediato me preocupé y caminé rápidamente hacia mi casa sintiéndome muy angustiada porque presentía algo malo. Me asusté mucho al encontrar la puerta de la calle abierta porque estaba segura de que la cerré bien. Escuché entonces llantos. Corrí a ver cómo estaba mi bebé y la puerta de la recámara también estaba abierta. La bebé estaba en su cuna, pero algo la había asustado. La tomé en brazos y comencé a arrullarla, y fue cuando noté huellas de perro en el piso. Pero yo no había visto ningún perro cuando entré, y además las marcas venían de la puerta directamente hacia la cuna, pero solo de venida, no había huellas de regreso, o sea que el animal seguía adentro, aunque yo lo busqué sin encontrarlo, lo cual me llenó de miedo.

“Aunque yo no era creyente, por si las dudas aceleré los trámites para bautizar a mi bebé, pero en la iglesia no había fechas, por lo que me tuve que conformar con esperar casi tres semanas.

“Al pasar los días, me fui tranquilizando, porque ya no había visto aves rondando mi casa, ni ningún perro extraño en los alrededores, pero una mañana, en el mercado que se ponía cerca de la plaza, una muchacha me chuleó mucho a mi bebé y me dijo que su abuela tejía chambritas y que las daba a muy buen precio. La verdad yo sí necesitaba ropita porque mi niña estaba creciendo muy aprisa y además no le tenía nada bonito para su bautizo, así que al día siguiente fui a ver las chambritas con la esperanza de encontrar algo que me gustara. Resultó que la casa de aquella mujer estaba en el bosque, más allá de donde terminaba el camino. Ya me iba yo a regresar porque estaba cansada y ya casi era la hora de la leche de mi hija cuando de la nada se me apreció por detrás la muchacha y me dijo que ella me llevaría, que en realidad estaba cerca. Mientras caminábamos alejándonos más y más del pueblo, ella me contó que habían fincado en un terreno que les dejó su abuelo y que ya pronto les iban a poner luz eléctrica.

“Mi bebé venía muy intranquila y yo sentía una enorme necesidad de regresar, pero no quise ser grosera. Al fin llegamos a la casa y noté que más bien era una cabaña, tan invadida por la vegetación y la humedad que fácilmente hubiera podido pasar por delante sin notarla siquiera. Afuera estaba una anciana tejiendo a ganchillo, tendría ella unos 70 años, muy flaca para mi gusto, y por lo que pude ver, había sufrido mucho en la vida, porque se veía muy amargada. Sin embargo, ella fue muy amable y me mostró ropita realmente bien tejida. Adentro, la casa olía a leña quemada y a lámpara de petróleo, y todo estaba muy oscuro. “A ver, desnude a la criatura para poderle medir estas ropitas” me dijo la señora, que dijo llamarse Gabriela. Noté entonces que ella y su nieta veían con demasiada atención a mi bebita mientras le probaba las prendas. Acabé por comprarle varias chambritas y le encargué un vestidito blanco con listones azules para su bautizo.

“Cuando acabé de comprar, y sin saber cómo, ya casi era de noche. La chica se ofreció a llevarme al inicio del pueblo, pero recién salimos a la veredita ella se torció el tobillo, por lo que me tuve que regresar sola cargando a mi bebé. Cuando iba a agarrar la vereda grande vi a un guajolote enorme que salió de quién sabe dónde, todo esponjado, furioso, con trazas de quererme atacar, por lo que opté por tomar otro camino y fue entonces que me perdí en el bosque, pues entre más bajaba yo más espeso y oscuro se iba poniendo… De pronto vi algo que me heló la sangre y me quedé paralizada del terror: a lo lejos, entre los árboles, vi dos bolas de fuego, diría yo que del tamaño de un balón de futbol, que chocaban contra los troncos sin prenderles fuego. Lo peor es que me pareció que las bolas de lumbre parecían irse acercando poco a poco hacía mí. Para mi fortuna, salió de entre los árboles una mujer con un vestido blanco muy bonito, cubierta de la cabeza con un rebozo azul cielo. Cuando pasó junto a mí me dijo “¿Te perdiste, verdad, mi niña? No tengas miedo, ven, sígueme, el camino hacia el pueblo está por acá.” Y yo sin dudarlo me fui caminando atrás de ella y así nos fuimos. Más abajo, vi de nuevo las bolas de fuego, pero esta vez más cerca de nosotras, y la señora me dijo “No mires eso o te volverás a perder”, y yo la obedecí. Cuando entre los árboles vi las primeras luces del pueblo, me dijo: “Ya llegamos. Yo acá me quedo, pero tú sigue adelante”. Avancé unos pasos, y cuando me volví para agradecerle su ayuda, ya no había nadie.

“Pasaron dos semanas. Faltaban apenas unos días para que llegara mi familia de Puebla cuando mi bebé murió. Días antes dos zopilotes rondaban sin cesar mi casa y una mañana casi me tropiezo con un enorme perro negro que estaba echado frente a mi casa devorando una paloma blanca que tenía bajo su patas. También escuchaba yo pasos sobre mi recámara, pero cuando mi marido subía a ver qué pasaba, el lugar estaba desierto y en silencio; sin embargo yo tenía cada vez más miedo y sentía que algo muy malo iba a ocurrir, pero como no era yo creyente, no se me ocurrió rezar o pedir consejo al cura de mi pueblo.

“La siguiente noche, a esos de las diez, recibí una llamada muy extraña de mi marido; se escuchaba como atontado, como adormilado, o como si hablara sin saber lo que decía; me dijo que la camioneta se le había descompuesto y que no podía dejarla sola porque traía refacciones para tractor muy caras, así que iba a esperar a que llegaran de su trabajo con otro vehículo para llevarse la carga. Y esa fue la última vez que escuché su voz.

“Recién me colgó el teléfono pensé que algo no andaba bien y sentí el deseo de agarrar un taxi para ir a buscarlo, pero también pensé que podría ser peligroso, así que tomé a mi bebé y la metí a la cama conmigo, sin embargo, a partir de ese momento se apoderó de mí un sueño tan pesado que no pude controlarlo. Poco después escuché claramente cómo llegaron los zopilotes a mi azotea, luego pasos encima, y unos instantes después cómo la cerradura de mi casa se abría sin necesidad de forzarla. Escuché luego pasos en mi casa, y cómo me quitaban a mi niñita de mis brazos sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, porque era como si yo estuviera bajo un hechizo que no me dejara abrir los ojos o reaccionar. Era como una pesadilla de la que no podía despertar. Solo recuerdo que escuchaba el llanto desesperado de mi bebé muy a lo lejos, como si ocurriera en otra casa.

“Llegó el amanecer cuando por fin pude moverme, y fue como si todas las maldiciones del mundo hubieran caído de pronto sobre mí… La bebé estaba tirada en el piso de la sala, desnuda, completamente fría, con los ojos entreabiertos, hundidos, cubierta de moretones y carente de vida. Por más que la sacudí e intenté reanimarla, no pude hacerla regresar. Estaba muerta y lo peor es que ya tenía varias horas así.

“En menos de lo que se los cuento, estaba yo presa, acusada del asesinato de mi propia hija. Ahí me enteré de que mi marido había se había salido misteriosamente del camino con la camioneta y se cayó a un barranco, y que no era cierto que traía refacciones. Lo más aterrador es que él murió al menos una hora antes de que yo recibiera su última llamada.

“Aunque todo estaba en mi contra, mi familia trató de ayudarme, y hasta fueron a buscar a las mujeres de las chambritas, pero dicen que jamás pudieron encontrar la casa que les describí, y de hecho nadie en San Martín parecía recordarlas…

“Ahora sé que las brujas sí existen. ¡Claro que existen! Y son capaces de cualquier cosa con tal de obtener la sangre de un bebé inocente. Ojalá que las personas que lleguen a leer esta declaración no sean tan confiadas y arrogantes como lo era yo, porque debido a esto pueden pagar un precio muy alto”.

Fragmento tomado de la ampliación de la declaración de la C. María Elena Huerta Zaria, acusada por infanticidio agravado, del expediente 2005/NOV/PUE/SNMARTINTX/0152/6.

Sí, queridos lectores, es una declaración muy fuerte que nos deja mucho en qué pensar. Afortunadamente no estamos indefensos ante las brujas, porque hay formas de protegernos. Lo primero es tener la humildad de reconocer que exicUNAsten seres en la oscuridad de la noche cuya maldad es tan grande que nosotros ni siquiera podemos imaginarla. Al primer indicio de que hay brujas rondando nuestra casa, hay que poner tijeras abiertas en lugares cercanos a la cuna del bebé, especialmente debajo del colchón, porque los objetos filosos acomodados en forma de cruz las ahuyentan. Los alfileres, clavos o cuchillos también sirven.

Igualmente hay que regar con agua bendita la recámara del infante, y marcar cruces con aceite de veladora todas las puertas y ventanas, y si no lo tene
mos, también se pueden pintar cruces con la cera de una veladora que haya pasado al menos una noche encendida dentro de una iglesia.

Pero sobre todo –según aseguran los que creen en las brujas– la mejor manera de deshacerse de ellas es entrar en su casa cuando no están, para apoderarse de sus piernas y quemarlas (normalmente las dejan escondidas debajo de su lecho), de esta forma, las brujas no podrán recuperar su forma humana, perderán sus poderes y será más fácil matarlas y posteriormente quemar los cuerpos.

Y hasta aquí llegaremos, estimados lectores de Innuendo. Pero estén pendientes, porque aún queda mucho, muchísimo más que decir sobre las brujas.

/-/

NdeA: Se agradece a las autoridades de la Procuraduría de Justicia del Estado de Puebla, y muy especialmente a la Lic. Rosalba Angélica López Mellado, por las facilidades prestadas para la realización de esta investigación.

Anuncios

3 comentarios sobre “LAS VERDADERAS BRUJAS – Parte V:Las brujas en México

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s