LAS VERDADERAS BRUJAS – PARTE VI: Los juicios de Zugarramurdi.

Por centurias, España ha sido el país europeo con el mayor número de casos registrados de brujería, dejando, por mucho, atrás a las demás naciones. Obviamente, la Santa Inquisición tenía que tomar cartas en el asunto…

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Esta historia ocurrió en el pueblo forestal de Zugarramurdi, Navarra, casi con la frontera francesa. Año de 1610.

Muchos de los pobladores de esta villa, pequeñita, pacífica y rodeada de un denso bosque de pinos y castaños, tenían la costumbre de adorar al diablo. De hecho, la famosa palabra “aquelarre” tiene su origen aquí, ya que deriva del vasco “aquelarre” (aker = “macho cabrío” y larre = “prado”) que se entiende como “prado del macho cabrío”.

Recordemos la idea de que el diablo tomaba la forma de un macho cabrío para presentarse ante sus fieles, y en Zugarramurdi un cabrón de formidable tamaño se aparecía desde tres días antes de la ceremonia por los prados del pueblo, anunciando a los iniciados que la fecha estaba próxima. No todos le veían. El animal sabía ante quién presentarse, así que la gran mayoría de los pobladores no se daba por enterada. Y si acaso algún atolondrado veía al macho cabrío por ahí, pues no sabía que se trata de Satanás.

Finalmente, la noche elegida, el oscuro animal se plantaba en el prado cercano a la llamada Cueva de las Brujas, donde ya lo esperaban sus adoradores, y entre cabriolas y cornadas fingidas, la bestia los iba condiciendo a la gran oquedad que el río horadó en la montaña. A esta cueva también se le conoce como “Infernuko Erreka”, o en español “La grieta del Infierno”.Francisco_de_Goya_y_Lucientes_-_Witches_Sabbath_-_Google_Art_Project

La cueva no es tan grande, pero es perfecta para realizar los rituales que Satanás exigía; los que han podido ir aseguran que tiene unos 120 metros de largo, y unos 12 de altura. El macho cabrío los iba llevando más y más adentro hasta llegar al fondo, y ahí, Satanás se despojaba de la piel del animal para mostrarse en toda su magnífica estatura.

Ocultos por la oscuridad nocturna y los impenetrables muros de la cueva, las miradas curiosas y morbosas de los no iniciados no podían entrar, y entonces se realizaban rituales paganos donde El Señor de las Tinieblas pasaba lista a sus fieles, era el primero yacer con las jovencitas que habían llegado a la edad de entregar su flor a la bestia de grueso pelaje como una ofrenda y promesa de eterna fidelidad.

Días antes eran reunidos los hombres jóvenes que querían experimentar el mayor de los placeres, e incluso muchos niños eran llevados. Esa noche eran bienvenidos después de los juramentos de silencio y lealtad, pues su vitalidad sería muy útil para lo que vendría a continuación.

Acto seguido, con un berrido infernal, El Señor daba el permiso para que iniciase la orgía con la que culminaba el aquelarre. Las drogas alucinógenas eran bebidas para aumentar el placer de los convocados. Con grandes sonrisas, las mujeres se despojaban de sus largas y pesadas capas para descubrir ante todos que iban completamente desnudas, dispuestas ya a aceptar entre sus piernas a quien fuera, al primero que las tomara, con tal de que las usaran a plenitud y se derramasen dentro de ellas.

No me detendré en detalles sobre aquellos rituales de fertilidad donde las brujas quedaban embarazadas de alguno de los brujos o de los novicios, pues así aseguraban que la nueva camada de recién nacidos fuera fiel a Satanás; tan solo les diré que las capas terminaban completamente enlodadas y al final las mujeres llevaban dentro de sí el jugo vital de más de un hombre.

Francisco_de_Goya_-_Vuelo_de_brujas_(1798)Antes de que el amanecer importunase a los formicantes, el Señor terminaba de esparcir su semilla líquida entre la mayor cantidad posible de mujeres para tomar nuevamente la forma cuadrúpeda que lo hacía invisible ante los ojos de la gente católica de Zugarramurdi. Esa era la señal. Todos salían de la cueva y en silencio llegaban a sus casas, justo antes de que el sol los descubriese.

En aquella zona, el culto al diablo crecía sin parar y esto, como es de suponer, iba vaciando la iglesia del lugar, de por sí pequeña y austera. El cura se preguntaba por qué los zugarramurditarras se iban alejando del buen camino, y por más que trataba de indagar, se debía conformar con evasivas. Así, en su desesperación por saber por qué la gente rechazaba la cruz, durante el oficio, pidió a los pocos fieles que le quedaban la respuesta a este misterio.

Y la respuesta llegó, aunque no de la manera convencional, pues los fieles a Satanás se cuidaban bastante de explicar por qué ya no creían en Dios. La verdad llegó a través del sueño de una joven, quien relató al cura todo lo que ocurría en aquella cueva, antesala del Infierno, y quiénes eran los más activos dentro del culto al ser de la oscuridad.

Así, el cura se dio a la misión de ocultarse en la cueva durante las noches, hasta que por fin atinó a ser testigo del aquelarre, y corrió con tan buena suerte que observó todo con absoluta claridad sin ser descubierto por nadie. Y a la mañana siguiente, no bien terminaron por salir los últimos brujos, el sacerdote corrió a escribir a sus superiores suplicando la sagrada intervención del Santo Oficio.

Después de la “investigación”, 50 pobladores fueron arrestados, 11 terminaron en la horca o la hoguera, y 13 murieron en las mazmorras durante los interrogatorios.

No podría saber yo quién hizo mayor daño y fue autor de mayores bestialidades, si los supuestos adoradores de Satanás, o la Santa Inquisición. Si nos basamos en el daño cometido en contra de seres humanos, yo podría pensar que la gente de la Iglesia era mucho más malvada, aunque, según ellos, lo hicieran por una causa buena. Olvidaron que  el fin no justifica los medios, y si en el camino para lograr un objetivo bueno se cometen injusticias, entonces acabaron haciendo el mal.grabaketa

El famoso caso de las brujas (y brujos) de Zugarramurdi no habría pasado a más y la historia no lo habría toman do en cuenta, si no fuera porque las acusaciones fueron falsas, como la misma Iglesia terminó por reconocer. Una vez más, el brazo punitivo del catolicismo actuó con saña inhumana fabricando acusadores, comprando testigos, inventando testimonios y todo para crear terror y justificar la represión en una pequeña población que no era muy dada a creer en Dios y se mantenía fiel a sus naturales raíces paganas.

¿Se presentaba realmente Satanás en aquellas celebraciones paganas? No hay ninguna prueba de ello. Como suele suceder en los relatos que incluyen seres fantásticos, todo fue inventado por seres humanos, y en esta ocasión con malas intenciones. ¿Y esto basta para justificar la muerte a través de las llamas? ¿Y cómo podría la Iglesia resarcir la vida a un ejecutado cuya sentencia fue errónea? Y a final de cuentas ¿De dónde sacó la Iglesia que Dios les autorizaba el asesinato en su nombre? De ningún lado, se lo sacaron de la manga en cuanto percibieron que la gente estaba dispuesta a permitirlo. Y así fue durante siglos, hasta que el mismo pueblo puso un límite al frenesí sangriento del Vaticano, que operaba a través del Santo Oficio.

El poblado de Zugarramurdi existe, a pesar de los horrores desatados sobre él. Se trata de una pequeña comunidad de no más de 250 habitantes que se ha convertido en un punto turístico que vive (¿lo adivinan?) gracias a las brujas, que le dieron fama internacional al lugar. Ahí podrán visitar el Museo de las Brujas (que fue inaugurado apenas en el 2007) y, por supuesto, La Cueva, donde acontecieron aquellos memorables aquelarres.

Viejos_comiendo_sopa

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