UN CONCIERTO PARA LUIS XV

El 31 de marzo del 2128 se hizo público algo que se comentaba ya por todo el mundo y sus colonias: la existencia de la Kronopia, mejor conocida como la máquina del tiempo.

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Así quedaba descubierto el proyecto que consumía recursos ilimitados de las tres  naciones hegemónicas del planeta: Estados Unidos, Rusia y China. Se confirmó que el fin de esta máquina era “reprogramar” el pasado.  Estalló una tormenta de críticas.

El otrora “secreto mejor guardado de la historia” quedó expuesto por un pequeño error: el sistema de alarmas se activó por una falla de programación. Pero el pánico fue real. Muchos empleados inconformes hablaron con la prensa.

El escándalo. Como salida, se desmintió todo objetivo de dominación mundial de la Kronopia y se dijo que los verdaderos fines eran culturales, y tuvieron que probarlo. En vez de impedir el nacimiento de los líderes comunistas o la apropiación de los recursos naturales de las naciones sometidas, la población mundial decidió –democráticamente, para que no quedara duda de que había libertad de expresión– que la primera tarea de la máquina  fuera llevar un concierto de rock al rey francés Luis xv y su corte para “ver sus reacciones”.

El uso banal de este equipo pretendía acallar el escándalo para, con más calma, retomar el plan original.

Más adelante se puso a votación qué grupo daría el concierto. A la gente le pareció que sería divertido enviar a Kiss (un grupo de estética agresiva pero ingenua de los años 70 del siglo xx).

Kiss_original_(1976)

El plan era retroceder en el tiempo y hacer una escala en 1976 para contratar a la banda antes de retornar hasta 1750, cuando Luis xv tenía 40 años.

Para que  Kiss firmara, se elaboró uno de los contratos más complejos jamás imaginados. Se les pagó finalmente 59 millones de dólares.

El rey había sido notificado del concierto que “los hombres del futuro” querían ofrecer para glorificarlo. Aceptó, pues los mensajeros enviados poco antes probaron fácilmente venir de otra época.

El contingente del futuro fue dirigido con la mayor discreción al teatro “Du Solé”. Lo más importante es que ninguna pieza del equipo cayera en manos ajenas. Desde las guitarras eléctricas hasta la gasolina de la planta de luz se mantuvieron lejos de las manos francesas.

La curiosidad gobernaba París. El rey mismo estaba intrigado con la idea del futuro. Se mandaron traer a palacio las grandes mentes de la época para saciar la curiosidad de su majestad sobre cómo era posible viajar en el tiempo. La teoría más acertada fue la de Voltair, quien habló del tiempo como una cinta que se puede doblar para que dos puntos muy distantes se toquen.

Llegó la noche. Trece mil millones de personas en el siglo xxii, y 800 dentro del teatro estaban pendientes de lo que sucedería en el escenario. El telón de terciopelo rojo permanecía cerrado.

Por fin el pesado cortinaje se abre. Silencio. De pronto una cascada de chispas. Las guitarras comienzan a emitir el mayor estruendo que los educados oídos de Luis jamás habían escuchado. Y de entre el humo surgen las figuras. Gene Simmons lo encabeza  sacando su larga lengua y escurriendo sangre por la boca. El rey se gira hacia sus guardias y grita: ¡¡SON DEMONIOS, DETENEDLES, HAY QUE QUEMARLOS PARA QUE NO SE ADUEÑEN DE NUESTRAS ALMAS!!!!

Caos. El público, aterrado, se precipitó hacia la salida, pero los enormes vestidos de las damas arruinaron la huida y algunos duques, marqueses y condes murieron aplastados bajo el peso de la perfumada estampida. Los Kiss dejaron de tocar; asustados se miraban unos a otros sin saber qué hacer.

Afuera, en la avenida Champ du Roy, miles de curiosos vieron salir a las pomposas damas de la corte con las pelucas torcidas y en mitad de una crisis histérica: “¡Son demonios!” “¡Vienen por nuestras almas!” “¡El rey ha ordenado quemarlos!” Y el populacho, con el permiso real, irrumpió en el teatro.

Capturaron a la banda y a todo su equipo, los machacaron y los quemaron. Y quemaron todo lo que habían transportado desde el futuro. Y las cenizas fueron enterradas tan profundamente como fue posible.
Los asesinatos tumultuarios acontecieron, pero no del todo. Gracias al control del tiempo, se regresó al grupo Kiss y sus acompañantes al lugar de partida antes de la desgracia, y aprovechando el desconcierto, se realizó un tercer viaje para corregir la falla en los sistemas de seguridad para que las alarmas no presentaran aquella falsa alarma y así mantener en secreto la existencia de la Kronopia, como si nunca hubiera pasado nada.

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